viernes, 5 de diciembre de 2014

José Revueltas y la Universidad Veracruzana



Rafael Arias Hernández escribió en 1975, la presentación de la revista “Texto crítico”, del entonces llamado Centro de Investigaciones Lingüístico-Literarias de la Facultad de Humanidades. Señaló que estas actividades editoriales formaban: “parte de un proyecto mucho más amplio de la propia Dirección General Técnica, que incluye diversos temas de las tareas académicas; baste con mencionar que se encuentran en periodo de impresión diversas publicaciones sobre la educación universitaria. Esta tarea, que intenta marchar acorde con las necesidades de nuestra Universidad, se inscribe al mismo tiempo en el dominio más amplio de las necesidades y exigencias de la universidad latinoamericana”.
De esta manera, nació este proyecto editorial bajo la dirección de Jorge Ruffinelli. A partir aquel momento la revista “Texto crítico”, se consolidó  como fuente de información bibliográfica y estudios relacionados con el movimiento literario de nuestros países. También en el Centro de Investigaciones Lingüístico-Literarias se llevaron a efecto interesantes presentaciones de autores y libros trascendentales de nuestras letras. Aunque se debe recordar que la valiosa serie Ficción de la Universidad Veracruzana vivió sus mejores momentos en los años sesenta cuando se publicó, entre otras obras, el libro de relatos Dormir en tierra,  de José Revueltas, autor considerado por Octavio Paz, en esos años, como el más importante novelista mexicano.
Conviene revisar el breve intercambio epistolar entre Sergio Galindo Márquez y José Revueltas, para asombrarse de este significativo diálogo entre dos autores que le dieron prestigio a la narrativa de México. La lectura y recomendación de Galindo reflejaba el papel crítico de un verdadero conocedor y amante de la literatura, en donde se atrevió a sugerir una observación. La respuesta de José Revueltas fue determinante: Bien; le propongo que usted y Carballido se aconsejen sobre el particular y decidan lo que deba hacerse, en el entendimiento de que yo acataré su fallo con absoluta conformidad”.
Posteriormente, José Revueltas impartió dos conferencias en el CILL, en agosto de 1972. Al mismo tiempo, ofreció sus reflexiones de “Apuntes de un diario”. Además se incluyó en las páginas de “Texto crítico”, No. 2, Julio a Diciembre de 1975, un trabajo realizado colectivamente durante el Seminario de Lectura Crítica. Participaron como becarios Antonio Pino Méndez, Luis Arturo Ramos, Juan Ventura Sandoval, y Sergio González Levet, con la coordinación de Jorge Rufinelli, entre mayo y junio de 1975. La segunda parte del diálogo con Revueltas se grabó el 9 de agosto de 1975.
 José Revueltas recomendó que: “como yo soy dialéctico materialista, el arma de la dialéctica, me ha servido increíblemente y he ido tratando de perfeccionar lo más que he podido un concepto de dialéctica y su aplicación a la literatura. Siempre estoy aconsejando a los compañeros escritores: estudien dialéctica, estudien a Hegel, porque la riqueza del instrumento es increíble es verdaderamente mágica, si no fuera contradictorio usar la palabra magia”. Por otra parte, Luis Arturo Ramos dio a conocer un fragmento de su tesis “Revueltas y el grotesco”, y Publio Octavio Romero incluyó su ensayo “Los mitos bíblicos en El luto humano”; y agregó su “Bibliografía de José Revueltas”, publicada en Xilote, 1977, a la cual se agregaron fichas posteriores añadidas por el CILL.  
En la revista “Cosmos”, No. 17, Agosto de 1975, se recogieron dos textos de José Revueltas: “El oficio de escritor”, y “Las evocaciones requeridas”. El primero correspondió a una conferencia impartida en el mencionado mes, con la transcripción de Arturo Reyes Isidoro. Resulta fundamental leer en voz alta el siguiente párrafo: “Vuelvo a repetir partiendo de una frase que cito de memoria donde Hegel decía lo siguiente: "No se puede describir lo oscuro sino en términos de oscuridad"; esto me parece que lo afirma en las lecciones de Historia de filosofía refiriéndose precisamente a Heráclito, llamado el "oscuro". Los problemas que suscitaba Heráclito, conocido entonces con ese mote, no es que fuesen oscuros sino que requerían una parabolización, una expresión indirecta para caer en la consecuencia que él buscaba. El hablaba del fuego como del principio de todo lo existente: que el universo es un fuego e incesantemente se apaga aquí y allá, de una manera constante. Si penetramos en este enunciado de Heráclito, lo comprendemos mejor ya a la luz del desarrollo científico contemporáneo, y mucho más, después del desarrollo de las ciencias físicas y naturales. Dentro de este enunciado casi poético de Heráclito había un gran contenido filosófico. Con lo que acabo de decir quiero despojar a la literatura de los prejuicios en torno de una claridad que puede convertirse en simplismo, simplismo que es lo contrario de la sencillez.”
 José Revueltas colaboró en “La Palabra y el Hombre”. Es suficiente señalar que en el número 23, Julio-septiembre de 1977 publicó: “Dos poemas inéditos”, escritos en 1939. Dio a conocer su reflexión “TV y Cultura en los Juegos Deportivos”, y su articulo “Los sueños y grabados de José Guadalupe Posada”. En el cual definió que: “Posada no tenia por qué mirar al pueblo, estaba inmerso en él y se miraba en nosotros como un ser el mismo, los demás, sin nada diferente  ni que le fuera ajeno, separado, que no le perteneciera. Las gentes que lo rodeaban que vivían en la misma vecindad y en el mismo barrio, que usaban el mismo tranvía a la misma hora, eran las que hacían el trabajo de Posada”.

  En el número 46, de La Palabra y el Hombre, Abril-junio de 1983, se incluyeron las cartas en torno a Dormir en tierra, de Sergio Galindo y José Revueltas. Jorge Ruffinelli y José Ortega publicaron sus aproximaciones críticas a la obra literaria de José Revueltas, quien nació en Santiago Papasquiaro, Durango, el 20 de noviembre de 1914; murió en la Ciudad de México, el 14 de abril de 1976. Narrador, dramaturgo y ensayista. Autor de valiosos ensayos incluidos en el libro El conocimiento cinematográfico y sus problemas, publicado por la UNAM, en 1965.  Su presencia en la Universidad Veracruzana enriqueció el panorama literario y filosófico del estado de Veracruz.