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Etiquetas: JOSÉ EMILIO PACHECO Y SU PLUMA SHEAFFERS
Raúl Hernández Viveros: escritor y editor. Autor de relatos, novela, poesía, y ensayos. En este blog pueden ubicarse algunos textos narrativos, crítica de libros, fragmentos de su experiencia literaria. Colaboraciones periodísticas, e información sobre las ediciones y de la revista Cultura de VeracruZ. Pueden ubicarse algunas fotografías, y entrevistas sobre el trabajo literario este autor veracruzano. Em@il: culturadeveracruz@yahoo.mx y (Gmail)



Raúl Hernández Viveros
Recuerdo que hace muchos años, tuve la oportunidad de asistir casi todas las tardes, como estudiante a la Escuela Secundaria y de Bachilleres Nocturna de Orizaba, Veracruz. Nunca pude olvidar la fotografía sepia de Rafael Delgado que se distinguía enganchada a la entrada de la biblioteca con el nombre del autor de La Calandria. Para mí resultó un verdadero misterio, el tratar de investigar algunos datos sobre aquel rostro con bigote, ojos iluminados y frente ancha que advertía sobre la firmeza de una vital y terrible inteligencia. Desde luego, Rafael Delgado impartió cátedras en el entonces llamado Colegio Preparatorio de Orizaba, donde se desempeñó como director y promotor de varias generaciones de estudiantes, en sus aulas fomentó la divulgación de autores universales.
Al poco tiempo, me enteré de que a la ciudad, la bautizó como Pluviosilla. En aquella época, cuando éramos jóvenes, nos referíamos a ella como el pueblo de las aguas alegres, por sus lagunas y ríos todavía transparentes. Después, entre los libros de la biblioteca descubrí varios ejemplares de la revista trimestral “Universidad Veracruzana”. En el número 2, Año II, Abril-junio de 1953, me aproximé por primera vez a la lectura y conocimiento de un cuento; género literario que hasta la fecha representa una de mis vitales preocupaciones frente a la creación que me agobia cada día, en mi trabajo cotidiano de narrador.
Tal vez en aquel instante nació mi decisión por entregarme a la creación literaria. Leí varias veces el cuento “La chachalaca”. Entre lagrimas y sollozos llegué al final de las descripciones bajo la cita seleccionada por Rafael Delgado: “El pensamiento humano, / como el mar, sus cadáveres arroja.” Sin duda alguna, la comprensión de cada párrafo me llevó a enfrentarme con la experiencia juvenil, la inocencia infantil, el interés o curiosidad más bien por los asuntos de la vida, delante de la perversidad que a cada instante brota en los seres humanos.
La desgracia de navegar entre la vida de los adultos y el papel del frágil paso de la infancia a la adolescencia, me hizo descubrir las verdaderas delicias del interés por las mujeres, los libros y las aguas alegres elaboradas en la cervecería Moctezuma. No puedo olvidar el final de aquella pequeña obra maestra de la narrativa mexicana: “Esta es la historia, amigo mío. Cuando la recuerdo, y la recuerdo todos los días, y siempre con dolor y remordimientos crueles, me pregunto: -¿Qué sentirá el asesino cuando le ponen delante de su victima?”.
En otra ocasión, revisé el sumario del número siguiente de “Universidad Veracruzana”. Mi asombro llegó a alturas infinitas, al encontrar páginas dedicadas en homenaje a Rafael Delgado; fue una revelación hacia el amor por el autor de Los parientes ricos, Historia vulgar, y Angelina. En dicha monografía se recogieron excelentes ensayos que estudiaron la obra literaria, con motivo de la celebración centenario de este autor, quien nació en Córdoba, 1853, y murió en Orizaba, 1914. Por lo cual se organizaron eventos culturales, y concursos literarios a nivel internacional. También la Universidad Veracruzana editó las Obras completas, de Rafael Delgado, con los volúmenes: “Poesías”, “Conversaciones literarias”, “Estudios literarios”, “Discursos”, y “Lecciones de literatura”, (en dos tomos).
Fue para mi trascendental la ubicación de las líneas de Federico Gamboa: “…un caballero de buen pergeño oscuro, de poblado mostacho de mirar hondo y expresivo, de voz opaca y tarda, parco en ademanes y sonrisas, armada la diestra de cigarrillo de papel cuya lumbre adquiría relieve y cuerpo en las crecientes y tercas agonías crepusculares…” Por su parte, Amado Nervo hizo la extraordinaria descripción: “Delgado era un hombre de mediano estatura, de regulares carnes, de inteligente cabeza, coronada por cabellos ligeramente rubios y en la cual se advertía insipiente calvicie, ojos de sincera mirada, correcta nariz y boca de expresión bondadosa”.
Toda esta información actuó en mi espíritu, un conocimiento para abrir las puertas a la imaginación, y aceptar el mundo de la fantasía. Ahora me pregunto qué aconteció si mis días adolescentes, hubieran pertenecido a otra historia. Existía la necesidad de comunicarme con experiencias fuera de la vida provinciana, y me llamó la atención que a pesar de la pequeñez en el ambiente provinciano, Rafael Delgado logró su propia y original trascendencia a través de sus libros.
En un rincón de la biblioteca, muy cerca de los libros de textos preparatorianos, con bastante asombro pude alcanzar el libro Lecciones de Literatura (Estilo y composición), obra editada por la imprenta del Gobierno del Estado de Veracruz, en 1904. Comencé el recorrido por el análisis y estudio del estilo y la composición, propuesto por el autor de La Calandria. Para mi representó una enciclopedia sobre el arte de la escritura, desde el punto de vista de un verdadero escritor, y un mentor que transmitía su experiencia literaria, mediante la lectura crítica de sus autores preferidos y admirados.
Se trataba de apuntes que Rafael Delgado dictaba a sus alumnos en la Escuela Preparatoria de Xalapa, los cuales fueron posteriormente recogidos en el mencionado un libro. Comprendí que significaron el proyecto de escribir bien porque con ello se identificaban el talento, el alma y el gusto literario. Con suficientes fragmentos y citas de sus autores seleccionados, Rafael Delgado demostró que fue un contemporáneo de los escritores de su tiempo, y además manifestó su amor por el contacto con otros idiomas, en diversas traducciones suyas Desgraciadamente, la segunda parte “Retórica y Poética”, no pudo salir a la luz pública, y sólo permanecieron algunas hojas amarillentas de sus apuntes, olvidadas en un rincón de la biblioteca de Orizaba.
Sin embargo, la lectura de Lecciones de Literatura (Estilo y composición), me permitió aproximarme al arte de escribir, a buscar la técnica del estilo literario, que se puede aprender y perfeccionar. Mi encuentro con las obras de Rafael Delgado, lentamente abrió las posibilidades del recurso a la descripción; de cómo se puede escribir para rescatar infinidad de recuerdos o historias inolvidables, amores imposibles y derrotas sentimentales, como lo advirtió Rafael Delgado en estos versos: “ella empieza a vivir y nada sabe! / él sabe todo y a olvidarlo empieza!”.
Este autor veracruzano se llegó a incluir y considerar como parte de una trilogía de novelistas realistas, al lado de Emilio Rabasa y José López Portillo y Rojas. Puede consultarse la nota crítica de Carlos González Peña, en su Historia de la literatura mexicana, Editorial Porrúa, 1928. Escribió poemas, cuentos, novelas y breves obras de teatro. Fue apreciado como un amante que describió el paisaje maravilloso y real de su lugar de origen, en el centro del estado de Veracruz.
También destacó como uno de los creadores e impulsores de las formas del realismo literario, en base a la observación profunda y minuciosa de las relaciones humanas, y principalmente por su amor a cada una de las cosas de su lugar de origen o vivencias dentro de la exuberante naturaleza veracruzana. Del romanticismo enlaza a un costumbrismo que es ampliamente superado en la concepción directa de los conflictos y ambiciones; planteó y proyecto la conciencia de los seres humanos arraigados en la tranquilidad, falsa ingenuidad y cinismo de la vida provinciana.
Toda esta experiencia del hecho de vivir, lo impulsó hacia las meditaciones retrospectivas de personajes agobiados por su profunda cimentación religiosa frente a la preocupación de las cosas materiales, las mujeres y las bebidas alegres de Pluviosilla. Rafael Delgado obtuvo el impulso de la comprensión y análisis de escritores que le fueron contemporáneos, y ahondó en las fuentes extraordinarias de las propuestas literarias de Cervantes, Shakespeare y Flaubert. Por lo tanto, su escritura exploró diversos temas, vivencias y hechos significativos entre las frustraciones y victorias del espíritu creador.
A su muerte, Salvador Díaz Mirón escribió: “El alto varón murió en la fuerza de la edad, consumido por su genio como un cirio por su llama”. Luego de realizar un recorrido en caballo de Jalapa a Orizaba, falleció al intentar imitar a su personaje Gabriel, quien “pretendía ser muy hábil en su oficio, y se preciaba de consumado jinete”, p.44, en La Calandria, cuarta edición, “Clásicos mexicanos agotados, 1931”. Pocas veces la palabra escritor se logró unificar con la de maestro. Un poeta por obra y gracia de la naturaleza. Un narrador con un misticismo persistente, pero alejado de los dogmas, y arraigado en el escenario provinciano, amor y respeto por el paisaje veracruzano.

Raúl Hernández Viveros es un personaje extraño: tiene aspecto de turco y no se dedica al comercio sino a empresas culturales, que como se sabe, nunca reditúan ganancias como no sean las del espíritu satisfecho de quien consigue lo que aparentemente a nadie le importa; es un magnate inmobiliario que posee la mitad del centro de Xalapa, incluyendo lecherías, consultorios dentales, casas, apartamentos y otros locales; debería vivir en un pent hose en Boca del Río o Can Cun con vista a la playa, piscina y jacuzzis y a cambio vive en una modesta y laberíntica casa localizada en la poco cotizada zona de Azueta, rumbo a
Raúl Hernández Viveros montó una imprenta en la que edita libros abstrusos de personajes abstrusos y con ambiciones literarias o académicas; sostiene la revista Cultura de Veracruz que es menospreciada por la élite de los intelectuales y aristas locales y muy apreciada por aquéllos que simplemente se dedican a escribir sin ver comas, puntos y signos de interrogación en ojos ajenos. Recientemente fue nombrado por una misteriosa cofradía de cultureros de
Siendo en Xalapa la guerra tan encarnizada entre los que se dicen artistas verdaderos y aquéllos que simplemente se ocupan de la cuestión artística, propongo que se levante un muro de Berlín cuyo centro preciso sería atravesado por la calle Azueta. No dudo que tal propuesta será fielmente acogida en los medios de gobierno, pues habiendo determinado geográficamente quiénes son artistas verdaderos y quienes fantoches lusitanos, ya no habría rebatinga por las becas, que sin duda alcanzarían para todos los artistas verdaderos. La ciencia de la decadencia del intelectual becado nos llevaría pronto a un mundo feliz: cada beca que se da es un artista verdadero que se pierde. Pronto todos los ex becarios tendrían que pasarse al otro lado del muro de Berlín cuyo nombre podría ser Muro de Raúl Hernández Viveros, por ejemplo, a quien no le preocupa el menosprecio. Él está en lo suyo. Si se fuera a hacer una lista de todo lo que ha editado con su propio dinero y con el ajeno sin duda tendíamos un nuevo volumen que se sumaría a los veinte o treinta que ya tiene con su nombre.
Raúl Hernández Viveros es un personaje extraño. No tengo memoria de la primera vez que lo vi. Sí tengo memoria de muchos momentos compartidos. Recuerdo, por ejemplo, que disfrutábamos de un cubículo en la calle de Zamora, donde ahora está
Pero eso sí: logramos subir la piedra de Sísifo y dejarla en la cima bien apuntalada: desempolvamos y clasificamos los veinte o treinta mil volúmenes. Creo que esa hazaña nos valió para que ascendiéramos en el escalafón de la universidad, que comenzamos verdaderamente desde abajo. Todo el mundo sabe que la carrera académica de Raúl Hernández Viveros y Mario Muñoz comenzó en Orizaba y Ciudad Mendoza, donde organizaban peleas de perros enmascarados. Luego Raúl comenzó con la costumbre de fundar revistas literarias, cine clubes y ciclos de conferencias con afamados escritores. Se rumora que Raúl tuvo que huir de Orizaba porque una sociedad de padres de familia consideró que sus actividades eran en extremo corrosivas para la buena moral y correcta organización de una ciudad que había hecho de la cerveza el elíxir de la larga vida. Otra versión asegura que Raúl salió de Orizaba por su propia voluntad, pues desarrolló una rara enfermedad que consistía en una urticaria rabiosa que le cubría de ronchas todo el cuerpo cada vez que olía el dulzón y pernicioso aroma de la cerveza. La única curación a esa rara enfermedad era la ingestión de un carísimo whisky de etiqueta azul cuyo precio rebasaba los mil pesos, whisky que no se conseguía en Pluviosilla y sí en Xalapa y cuyo distribuidor secreto era el doctor Roberto Williams García. Entonces podemos decir que no fue la cultura sino el olor del whysky lo que lo trajo a Xalapa. (Si don Gabo tuvo su olor a la guayaba, Raúl tiene el olor al whysky). Una tercera versión se refiere a la sórdida amistad que mantiene Raúl Hernández Viveros con Mario Muñoz. Cuando se conocieron Mario ya tenía ciento cincuenta años y estaba aburrido de vivir. Raúl supo de un médico que tenía la cura milagrosa para la longevidad no deseada y, movido por su espíritu samotracio y samaritano, le dijo a Mario: Vámonos para Xalapa, allí se muere cualquiera de aburrimiento (eran los tiempos en que esta ciudad permanecía hundida en la niebla ocho de cada doce meses, los tiempos en que el único sitio de diversión era
Si hablando de Raúl Hernández Viveros de pronto me desvié hacia Mario Muñoz no fue por decisión caprichosa y sin lógica sino por la sospecha de que uno y otro son la misma persona. Nos encontramos ante un caso como el de Doctor Yenkill y Mister Hyde. Y si no, hagan la prueba: fíjense que cuando Raúl aparece, Mario Muñoz no está a la vista y viceversa. Fíjense en estas simetrías: Raúl y Mario fueron directores de
Si Raúl Hernández Viveros tiene un defecto grave es que sabe ser amigo, que no desprecia a nadie, que es el perfecto anfitrión, que todo le da risa y que es capaz de arriesgar su condición de magnate inmobiliario por publicar un libro de algún joven talento. Y a quienes menosprecian la revista Cultura de VeracruZ les incito a que dejen sus ejemplares sobre la taza del baño y los lean en sus más dulces momentos de defecación. Allí inadvertidamente comenzarán a leer textos en verdad literarios, textos honrados, no bodrios intelectualoides, no pesadas lápidas, encontrarán nombres desconocidos y cuentos en verdad pasmosos. Lo que sí tiene Raúl es un olfato de sabueso para discernir entre lo que vale y lo que no vale. Ese olfato, que sin duda fue desarrollado durante sus peleas de perros en Ciudad Mendoza, hoy está al servicio de la literatura. Que viva por muchos años Raúl y
Raúl Hernández Viveros
Hace unos días pude reconciliarme con algunas partes de la realidad. Sentí la necesidad de recordar cada uno de los hechos construidos en los pilares de aquella historia de encuentros y rechazos, ilusiones y esperanzas. Después de muchos años tuve que finalizar las relaciones con algunas personas involucradas dentro de mis finos y agresivos sentimientos. Al mismo tiempo escribí la lista del número de cosas con sus olores, amores y odios. Para no equivocarme organicé minuciosamente cada lugar en el espacio y tiempo de mi vida.
Con las tres mujeres mantuve el mismo esquema familiar. Me programé para procrear al mismo tiempo el idéntico número de herederos, de igual forma le puse el análogo nombre a cada uno de mis hijos, y fue bastante fácil atinar y armar la organización de mis relaciones con dichas compañeras. Pero la mala costumbre de amarlas me llevó a buscar un lugar, en donde cada noche tuviera la oportunidad de reflexionar algunos instantes sobre el mundo que me rodeaba.
No pudo complicarse el acto de tejer los hilos de la trama. Daba igual saber que a pesar de mis triunfos amorosos, me sentía el hombre más solitario, principalmente por no sentir nada hacia nadie en ningún momento de mi existencia, como si las emociones y los afectos no tuvieran ya cabida en mi pensamiento. Sin embargo, tuve que desarmar cada historia y capítulo; analizar los engranajes que habían dejado de funcionar en la maquinaria de mi realidad.
En aquel instante, mi pensamiento descubrió que las cosas funcionaban al revés, es decir en sentido contrario y viceversa hacia las propuestas de la lógica y era el momento de hacer una parada en el camino. Un poco para tener el tiempo de mirar hacia atrás, como la sentencia africana, de frenarse a observar si alguien va detrás de uno, en particular descubrir a las fieras asesinas sedientas de sangre y carne, las cuales desde la distancia olfatean y acechan a sus victimas.
Pero no quise ser obsesivo y obstinado en estas reflexiones. Me hubiera gustado la exactitud de un gol de Ronaldino. Entonces escribí mis conclusiones. Pensé que todo era ocasionado por el tedio y el vacío de mi trabajo, y del hecho de lo aburrido y repetitivo de tener tres casas iguales. No supe cuándo me di cuenta de que uno tenía ahora que pagar altos intereses como al pedir suministrado algún dinero. También me preocupó el no volver a ser el mismo, en lugar de transformarme, y permanecer sin ser visto a la luz pública, mientras emergía de la oscuridad. Por otra parte, cada día empobrecer, al costo del sacrificio de los demás.
Creo que la lista no llegó a interesarme. En mi lugar brotó la conciencia limpia de reconocer que fui demasiado feliz. Aunque el misterio de la ley de morir, era lo que me permitía aproximarme al conocimiento de las personas y particularmente a la que intentaba renacer dentro de mi cuerpo.
Cuando me quedé solo, muy lejos de la ciudad decidí escapar hacia las montañas en búsqueda de la inevitable ausencia de cada una de mis familias. Por suerte, transcurrieron los meses y nadie advirtió la desaparición. Creo que fueron radiantes al saber que yo no pertenecía ya a nadie y sin pensarlo me deje caer en las profundidades de mi soledad.
Raúl Hernández Viveros
HACE un cuarto de siglo que murió Julio Cortázar. Ahora, con motivo de su aniversario, aparecieron algunos materiales que permanecían inéditos. Cultura de VeracruZ, en su número de febrero, dedicó una parte a recordar al autor de Rayuela, quien estuvo invitado por
Otra conmemoración fue el aniversario del nacimiento de Carlos Darwin (1809-82), conocido por su teoría de la evolución de las especies, quien llevó a cabo un viaje en el barco "Beagle", durante cinco años de estudio en el Pacífico sur, y recopiló investigaciones en torno al archipiélago Galápagos. En dicho lustro, estudió la flora y fauna, para su máxima aportación en su libro "El origen de las especies por su selección natural".
En el presente mes se celebran 70 años de la muerte de Antonio Machado, en enero de 1939 se exilió al pueblo francés de Colliure, donde murió en febrero. Al mismo tiempo que el 70 aniversario de la llegada a México de los refugiados españoles republicanos a quienes nuestro país les abrió fraternalmente las puertas, con la finalidad de ofrecerles asilo. Entre los ilustres intelectuales hay que mencionar sólo ahora varios escritores como Max Aub, Juan Rejano, Pedro Garfias, Eulalio Ferrer, Emilio Prados, Ramón Xirau, José Gaos, entre otros distinguidos refugiados españoles en México. Guillermo Landa ofrece en estas páginas de Cultura de VeracruZ, no. 42, su poema “Réquien por Pedro Garfias”.
No obstante, hay que recordar en forma digna a Antonio Machado por sus trascendentales aportaciones al campo de la poesía y dentro de la reflexión sobre sus búsquedas estéticas. En 1931 redactó los bocetos de un discurso que Antonio Machado preparaba con motivo de su ingreso a
Al final de sus palabras recomendaba: “hay que hacer las cosas bien; por otra, a veces, es mejor no intentar siquiera hacerlas; pero lo abominable, es hacerlas mal. Entre la búsqueda hacia el encuentro con la verdadera obra de arte, Antonio Machado insistió en "decir algo de lo que a mí me parece actual en poesía, por si pudiera alcanzar un poco de lo que pueda ser su porvenir. Comprendo que el oficio profeta es, como se dice, arduo de suyo, y en nuestros días más que nunca aventurado y expuesto al error.
Sin embargo, hoy como ayer, la misión de los ojos -los ojos de la cara y los del espíritu- es ver. Mas como toda visión requiere distancia, lo verdaderamente difícil no es distinguir lo que viene hacia nosotros o aquello que de nosotros se aleja, sino precisamente lo que se nos encima y nos envuelve. El gran problema de la crítica es siempre el análisis de lo presente y de lo cercano". Cortázar, Darwin y Machado continúan inmersos y contemporáneos en cada lectura actual.
Eulalio Ferrer Rodríguez se encuentra en el cielo, rodeado de sus amigos y colegas que se le adelantaron, particularmente con aquellos miembros de
Hay que destacar su pasión por la publicidad. Creo que sin sus enseñanzas en esta materia, las cosas en el campo de la propaganda no serían lo que son en la actualidad. Participó en muchos proyectos de difusión de productos, y principalmente en la promoción de México hacia cualquier parte del mundo. Todavía están por aparecer a la luz pública miles de páginas autobiográficas, entre ellas sus memorias en la prisión y campos de concentración del general Franco: "Entre alambradas". Por otra parte, permanecen inéditos fragmentos de sus recuerdos de
Por fortuna,
Gracias a Eulalio Ferrer existe una versión de la canción Broadway de Agustín Lara "... muchacha rubia, de ojos azules/ sin corazón/. ¿Quién se robó la sonrisa más bella del mundo? Broadway, adiós, yo ya me voy". En otro aspecto, sobresale su actitud de mecenas, porque Eulalio Ferrer se propuso obtener la fundamental colección de obras de Miguel de Cervantes Saavedra. Diversas ediciones en castellano y en otros idiomas. A veces a sus más cercanos amigos les mostraba una de las primeras ediciones de "Don Quijote de