sábado, 3 de junio de 2017

Aniversario de Sergio Pitol


Raúl Hernández Viveros



Sergio Pitol Demeneghi cumplió ochenta y cuatro años el 18 de marzo de 2017. Obtuvo la licenciatura en derecho en la UNAM. Desde hace varias décadas decidió radicar en la capital veracruzana. Entre 1969 y 1972 vivió en España, y trabajó para varias editoriales, entre ellas Seix Barral, Tusquets y Anagrama. El 23 de enero de 1997, fue elegido miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua. Entre  sus premios y distinciones: Xavier Villaurrutia 1981 por Nocturno de Bujara, Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada  en 1982. Herralde 1984 por El desfile del amor. El Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Lingüística y Literatura 1993. Mazatlán de Literatura 1997 por El arte de la fuga, Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo 1999, y el Cervantes en 2005.
Su libro de cuentos Infierno de todos, apareció en la Serie Ficción de la Universidad Veracruzana, 1964. Tuvo a cargo la editorial La Palabra y el Hombre. Impartió un curso sobre el estudio y análisis de la obra de William Shakespeare, donde investigó en las profundidades del genio de Stratford-on-Avon. Creo fue mi primer encuentro con mi admirado amigo, quien impulsó el estudio de las huellas en cada personaje, escenarios, y temas shakespearianos, y permitió el encuentro con el autor de Hamlet. Recuerdo sus apasionadas conferencias sobre cada pieza teatral de Shakespeare, y principalmente las referencias hacia la lectura de los capítulos de Shakespeare nuestro contemporáneo, de Jan Kott.
Las charlas universitarias rebasaron  las aulas, y Sergio Pitol comenzó a iluminar a sus estudiantes y discípulos. Durante estos años salió a la luz pública la Antología del cuento polaco contemporáneo. Todavía conservo la primera edición que me obsequio con la dedicatoria: “Para Raúl Hernández, deseándole una formidable estancia en el lugar al que en fin decida (o pueda) irse y el deseo de verlo pronto por allá. Sergio Pitol, octubre, 20 1967”

Desde luego fue mi primer contacto con la literatura polaca: Bruno Schultz, Witold Gombrowicz, Marek Hlasko, Slawomir Mrozek, Jerzy Andrejewski, o Kazimierz Brandys, que entre otros autores llegaron a causarme interés y preocupación por la creación literaria. En  la entonces famosa Serie Ficción, Sergio Pitol dio a conocer su versión de Cartas a la señora Z, Kazimierz de Brandys. Me confrontó con la novela Las puertas del paraíso, de Jerzy Andrejewski. Luego pude destacar el descubrimiento de Witold Gombrowicz, de quien posteriormente construimos un culto. Recuerdo sus versiones de Transatlántico y Cosmos, en Seix Barral, o el Diario argentino, en la editorial Sudamericana. Logró la autorización de publicar Tierra de nadie, de Juan Carlos Onetti, en la Serie Ficción. Sergio Pitol regresó al viejo continente, en las embajadas de México en Polonia, Yugoslavia, y en Francia al lado de Carlos Fuentes, y embajador en la llamada entonces Checoslovaquia. Desde aquellas vivencias lo visité varias veces en Varsovia y Praga. Constantemente, aparece entre mis sueños en las viejas calles varsovianas que recorrimos, hace muchos años, Mario Muñoz  y Lorenzo Arduengo Pineda. Todavía recuerdo las caminatas por el río Vístula, acompañado del poeta Edward Stachura, mientras  mi estimado Sergio Pitol, mientras nos esperaba Sergio Pitol en una mesa del hotel Bristol para contemplar cómo se divertía, en aquellas épocas, la juventud polaca.

martes, 23 de mayo de 2017

ANIVERSARIO DE LA PALABRA Y EL HOMBRE, UNIVERSIDAD VERACRUZANA

Raúl Hernández Viveros









Bajo el rectorado de Gabriel Garzón Cossa, en la revista Uni-Ver, 1949, su director Alberto Sánchez Cortés, en el editorial  advirtió que:   “Este periódico, llevará la humildad de nuestra formación a las más alejadas Universidades. Nuestro mensaje de optimismo y de fe, llegará a los más apartados lugares y en todas partes sabrán que existimos y que si bien ocupamos un modesto sitio en los mapas geográficos, comparativamente en los mapas del  Ideal figuramos al igual que las mas venerables antiguas y potentes Universidades de las Tierra”.
A casi un lustro en 1949, se recordó que  la Universidad Veracruzana, el 11 de septiembre de 1944 celebró su primera sesión ordinaria el  H. Consejo Universitario, máxima autoridad, que fue establecido el 28 de agosto del mismo año, de acuerdo a su Estatuto Orgánico. Desde aquella fecha sus instalaciones quedaron en la calle Benito  Juárez  No. 23, y 55 actualmente, en donde iniciaron clases  las Facultades Jurídica y de Comercio.
RECTOLa enseñanza  se impartía  a 6,752 alumnos, también se divulgaba la cultura, con el Instituto de Música, Danza y Declamación, las bibliotecas  funcionaban en Orizaba y Xalapa. La Orquesta Sinfónica presentaba  conciertos populares, y en la pinacoteca se montaban exposiciones. El trabajo de  investigación inició con el Departamento de Arqueología; es fundamental  la consulta y el registro de los informes de José García Payón en las páginas de Uni-Ver. Todo este material resultaría trascendental reunirlo en un volumen actual.
En el No. 14,  febrero de 1950, de la revista Uni-Ver, se dio a conocer la información de Leonardo Pasquel sobre la visita de Gabriela Mistral a la capital veracruzana, quien   se alojó en la hacienda “El Lencero”; hasta donde llegaron a visitarla “las exponentes del fenómeno literario en México, a las ya conocía a través de  la Revista América. Pita Amor, Margarita Michelena, Rosario Castellanos y Dolores Castro, son sus nuevas amigas, y en ellas tiene puesta su fe,  su esperanza de elevación de la mujer, uno de sus más firmes  pensamientos”.
Además hay que destacar los relatos en Uni-Ver,  de Emilio Fernández C., quien fue Director de la Escuela Esfuerzo Obrero, maestro de varias generaciones, y  murió en Ciudad Mendoza, Ver. Por otra parte, es conveniente descubrir el talento inicial de Aureliano Hernández Palacios  que expuso en sus reflexiones  “La vocación de la Vida y en los Libros”, que se publicó en el No. 15 marzo de 1950, Uni-Ver. Un verdadero recuerdo a uno de sus docentes: “El ilustre maestro D. Eduardo R. Coronado, de grata memoria para quienes tuvimos el privilegio de abrevar en las fuentes de su sabiduría, a menudo solía decirnos con su ironía característica que  aunada a  su bondad y a su saber, “que en todos los libros hay alguna verdad”; esta generalización abarca, pues por  igual tanto a los buenos como a los malos libros. De ahí que he buscado en mis lecturas la verdad de que hablaba el maestro y la he encontrado”.
En enero-marzo de 1952, apareció la revista Universidad Veracruzana, con su director Librado Basilio en el rectorado de Arturo Llorente González. Bajo este propósito se planteó el proyecto de: “crear un Departamento Editorial, cuya misión consistirá en divulgar por medio del libro las obras de autores veracruzanos nacionales y extranjeros, para realizar de esta manera,  fuera de las aulas, la altísima misión que tiene encomendada:  iluminar y guiar a las inteligencias”. De esta manera nacieron la edición de la revista Universidad Veracruzana, y al mismo tiempo, algunas  colecciones  de libros.
Del 22 al 29 de julio de 1951, tuvieron efecto la X Sesión del Congreso Mexicano de Historia, y la V Mesa Redonda de la Sociedad Mexicana de Antropología. Este mismo año se formó el Teatro de la Universidad Veracruzana, con la puesta en escena de “Los intereses creados” de Benavente, y dos entremeses de Cervantes: “La cueva de Salamanca” y “El viejo celoso”, además de escenificarse “Daba el ventero a  Sancho”.
En la inauguración de la Facultad de Medicina en Veracruz, Miguel Alemán escribió; “que la Universidad Veracruzana contribuya con el caudal  de su cultura y el vigor de sus hombres al progreso y a la grandeza del pueblo de México”. El Presidente de México fue acreditado como Doctor Honoris Causa y Rector Ad Honorem  y Ad Perpetuan, en 1952. Durante dicho año en la Galería Artística  Universitaria se hizo la muestra de 6 retratos de José Justo Montiel, iniciador y promotor de la “Escuela Veracruzana”, la mayor parte de sus cuadros de este pintor  fueron realizados en  su taller de Orizaba  que fundó  a la mitad del siglo XIX.
 El 29 de noviembre de 1953, Ezequiel Coutiño fue designado Rector. La  revista Universidad Veracruzana, No. 3 julio-septiembre del mencionado año,  dedicó sus páginas a la conmemoración de los 100 años del nacimiento de Rafael Delgado (1853-1914). Después en el No. 4 octubre-diciembre de 1953, de la misma Revista, se recordó el centenario del nacimiento  del poeta  Salvador Díaz Mirón (1853-1953).
El rector de la UV, Gonzalo Aguirre Beltrán, tuvo a bien designar en 1957 a Sergio Galindo Márquez como director de la Editorial y de la revista La Palabra y el Hombre. Desde el principio, se planteó la propuesta de que: "Toda obra publicada por la Universidad Veracruzana responde, en principio, a una doble necesidad: una, el natural afán de comunicación del que escribe y, otra, la primordial se refiere al público al que se le dedica. Es decir, la labor editorial supone establecer un diálogo entre el autor y sus lectores, pero también significa procurar la participación general en los beneficios del conocimiento, puesto que es imposible concebir desarrollo o superación al margen del conocimiento mismo"¬.
Con esa visión sobre el papel tan extenso que significa la labor editorial, en 1959 se abrió un espacio enfocado a la publicación de textos importantes sobre investigaciones relacionadas con la filosofía, la literatura, la lingüística, la historia y la sociología, bajo el nombre de Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras. Con la aparición del libro Discurso de Filosofía, de José Gaos, comenzó la tarea fundamental de reunir textos de vital trascendencia académica. Por lo que se dieron a conocer, al poco tiempo, las siguientes obras: Los países tropicales, de Pierre Gourou; Ensayos filosófico-jurídicos, de Eduardo García Máynez; Tres salvaciones del siglo XVIII español, de Rafael Segovia Canosa; Orígenes de la filosofía y de su historia, de José Gaos; Gramática del popoluca de la sierra, de Benjamín Elson; Seis estudios históricos de tema mexicano, de Edmundo O’ Gorman; Breve historia de Veracruz, de José Luis Melgarejo Vivanco; La ambigüedad en el Quijote, de Manuel Durán; La Universidad Latinoamericana, de Gonzalo Aguirre Beltrán, y Cuestiones educativas y páginas sobre México, de Fernando Salmerón.
Posteriormente, incluyeron otras obras universales, como por ejemplo Existencialismo, de Juan David García Vaca; Etimos latinos, griegos y nahuas, de Juan A. Hasler; Estudios de historia y derecho, de Javier Malagón Barceló, y Razón del mundo. La preocupación de España, de Francisco Ayala, entre otros libros.
En Biblioteca pueden observarse, pues, numerosos trabajos de filosofía e historia de autores como José Gaos, Rafael Segovia Canosa, Manuel Durán, Juan David García Bacca y Francisco Ayala, entre muchos otros. Con esta tradición, la colección Biblioteca continuó en su afán por dar a conocer y publicar materiales bibliográficos indispensables para el conocimiento, que incluyen temas vinculados con el pensamiento universitario.
Años más tarde, se publicó, entre muchos otros volúmenes, la segunda edición de Cultura y conquista. La herencia española de América, de George M. Foster, traducida por Carlo Antonio Castro, quien al año siguiente dio a conocer su investigación Enero y febrero: ¡ahijadero! En 1986, apareció Cultura indígena e integración nacional, libro de Giovanni Marcheti traducido por María del Rosario Rodríguez y Alberto Guaraldo. Este estudio fue realizado en Bolonia, Italia, ciudad donde vivió Francisco Xavier Clavijero, y en él se incluyó el prólogo de Alberto Guaraldo, que habla sobre la importancia del pensador veracruzano en la formación de la conciencia nacional mexicana.
Asimismo, en la colección Biblioteca introdujeron, entre otros, textos de los principales investigadores de la Universidad Veracruzana: José Velasco Toro, Soledad García Morales, Gilberto Bermúdez Gorrochotegi y Félix Báez-Jorge, quien al catálogo de la serie ha sumado las obras Las voces del agua, Los oficios de las diosas y La parentela de María, ejemplos de los diversos estudios antropológicos que forman parte de esta colección.
Es conveniente señalar que la colección Biblioteca fue hermana mayor de Cuadernos de la Facultad de Filosofía y Letras, serie cuyos números albergaron textos de menores dimensiones, pero no de menor calidad. Por ejemplo, José Gaos publicó en ella su obra Introducción a la fenomenología. También se incluyeron los extraordinarios ensayos de Ramón Xirau, El péndulo y la espiral y Comentario, y los libros Arco y certamen de la poesía mexicana colonial, de José Pascual Buxó, y El sueño creador, de María Zambrano.
Esta última autora incluyó en ese libro editado por la UV la siguiente nota: "Las páginas del presente volumen vienen a ser como un trozo de mineral venido a la luz desde las oscuras galerías de una mina, que el autor querría, quizás por gusto del lugar, seguir recorriendo aún, antes de ofrecer el material ya extraído de ella. Ciertamente que no hubiera podido permanecer en tal lugar, ni en tal situación de no haber recibido asistencia de diverso orden".&a





¬ Ibídem, pp. 3-6  

miércoles, 17 de mayo de 2017

60 ANIVERSARIO DEL INSTITUTO de ANTROPOLOGÍA

Raúl Hernández Viveros







Uno de los pilares más importantes de la Universidad Veracruzana, fue el rector Gonzálo Aguirre Beltrán, porque el 11 de enero de 1957 impulsó la creación del Instituto de Antropología, la Escuela de Antropología la Escuela de Historia y la Escuela de Letras. También fundó el proyecto editorial de la revista “La Palabra y el Hombre”. Al mismo tiempo respaldó la fundación de importantes colecciones y series de libros.

Es deber ineludible del universitario, humanista por excelencia, mantener el adecuado equilibrio entre las alturas inmarcesibles de la técnica y los valores universales de la humanidad recordando siempre la antigua frase de Protágoras: “El hombre es la medida de todas las cosas”, agregada, de otra no menos importante: “el bienestar social, la finalidad última de todo conocimiento.

Afirmó, en 1957, Gonzalo Aguirre Beltrán, al final del discurso que pronunció durante el inicio de cursos de esta casa de estudiosâ. La fundación en 1957, del Instituto, de Antropología,  la Escuela de Antropología, la de Historia,  la de Letras, y principalmente el nacimiento del órgano de difusión de nuestra Máxima Casa de Estudios: La Palabra y el Hombre, Se advirtieron los primeros resultados  en  la serie  de publicaciones  del Instituto de Antropología, con la edición  de Cerámicas del Totonacapan, de Alfonso Medellín Zenil, quien escribió:

Este libro intenta una síntesis de lo más importante que hemos podido conocer  en la exploración del área totonaca del Estado de Veracruz, a través de unos 10 años. Han sido registradas aproximadamente unas 500 zonas arqueológicas que se localizan entre la cuenca del Papaloapan por el sur y de la costa a la zona frigo-serrana.

El trabajo de investigación fue parte fundamental por su calidad y valor científicos, además de su divulgación  en publicaciones;  permitiendo su accesibilidad  a los lectores no especializados,  e involucrándose en forma directa con la comunidad universitaria. Al conocer entonces  los frutos de las exploraciones e investigaciones realizadas, pudo demostrarse el afán por rescatar,  esclarecer y registrar  el desarrollo  cultural de las civilizaciones prehispánicas que tuvieron asiento en algunas partes del Estado de Veracruz.
Gonzalo Aguirre Beltrán, dejó su herencia cultural que se encuentra perfectamente delineada entre los proyectos de creación de nuevos espacios abiertos hacia el pensamiento, la docencia y la investigación.  La circunstancia de haber respaldado el incentivo de un órgano de investigaciones libres, con una enorme variedad  para el desarrollo del pensamiento latinoamericano, representó una de las mayores  contribuciones a  la cultura nacional. Fernando Salmerón Roiz, señaló la importancia de La Palabra y el Hombre:

…porque esa  es la más notable paradoja de la condición humana: que el hombre para serlo en un sentido pleno, ha de lograr que madure su propia individualidad, y al mismo tiempo, ha de saber entregarla a los demás hombres. Ha de ser  a la vez persona y prójimo; libertad y sociedad, soledad y comunicación; palabra y hombre.

El Instituto de Antropología resultó la culminación y desenlace que tuvo su origen el 1º de enero de 1937 al fundarse  la sección de asuntos indígenas; posteriormente se llamó Sección de Antropología, y más tarde denominado Departamento de Antropología. Estos primeros esfuerzos por rescatar algunos materiales arqueológicos, antropológicos y estudios sobre  la cultura veracruzana, fueron consolidados al abrirse el espacio en donde se concentró un grupo de investigadores que debería responder a las tareas de analizar, interpretar y registrar las principales zonas  indígenas y los vestigios  culturales de nuestros antepasados. Al mismo tiempo, de complementar los diseños curriculares en la  labor académica de la Facultad de Antropología. De manera  notable, Roberto Williams García, uno de los pioneros de la antropología veracruzana,  registró los siguientes datos:

La  década de los cincuenta puede considerarse intensa, la de mayor ímpetu arqueológico  para  Medellín al explorar diversas  zonas y haber   obtenido  piezas para  el  museo que se proyectaba.  Museo que recibió absoluto    apoyo  cuando el  gobierno del licenciado .Antonio M. Quirasco,  del  cual  formaba parte el maestro José Luis Melgarejo como subsecretario de gobierno. Este gobierno   nombró como  rector de la Universidad  Veracruzana,  al doctor en medicina  Gonzalo Aguirre Beltrán, antropólogo de valía  nacional   quien, de inmediato,  convirtió al supra mencionado departamento en Instituto de Antropología,  además de promover la fundación  de la Escuela de Antropología,  siendo  Medellín designado director de la  misma Escuela y del Instituto de Antropología. Se acariciaba  desde varios años   el proyecto  de  la creación del Museo como aparador donde se mostrase la potencia escultórica   del antiguo veracruzano. Melgarejo  y Medellín trabajaron  juntos en el proyecto de construcción del edificio   destinado al albergue y exhibición del patrimonio arqueológico de Veracruz.

La riqueza  bibliográfica de la Universidad Veracruzana, estuvo acompañada por las investigaciones relacionadas con los informes de las exploraciones arqueológicas, trabajos etnográficos, diarios de campo y  búsquedas acuciosas en archivos estatales y nacionales, En las páginas  de  La Palabra y el Hombre, pueden todavía consultarse materiales indispensables que constituyen el reflejo de la dinámica intelectual del quehacer universitario.
Para celebrar las 4 décadas del Instituto de Antropología,  se realizó el “Simposio 40 años de Antropología en Veracruz“, estos valiosos materiales de ponencias aparecieron en el libro:  Antropología e historia en Veracruz, que  coordiné bajo la dirección del historiador Gilberto Bermúdez Gorrochotegui, vinculó al Instituto de Antropología de la excelencia académica. Permanece el testimonio  contenido en la recopilación de 630 páginas de  Antropología e Historia en Veracruz,  editado en 1999.  Al final de  mi ponencia incluida en este  libro,  señalé  mi punto de vista sobre la lectura crítica  de las aportaciones en La Palabra y el Hombre, como:  
La experiencia de revisar cada colaboración  de Alfonso Medellín Zenil culmina con la expectación de haber sido asombrado por el espíritu  de un  precursor en  la arqueología de México, por  su lealtad  y espíritu de  servicio a un territorio  que fue  la visión  de su manera de ser mexicano y sentirse veracruzano (p. 401).

El Instituto de Antropología resguarda en su biblioteca desde su fundación algunos acervos bibliográficos  pertenecientes a Gonzalo Aguirre Beltrán, José García Payón, David Ramírez Lavoignet, entre otros apreciables  materiales  que fueron donados por sus herederos. También hay que subrayar la importancia de las investigaciones en el  Archivo Técnico, donde se albergan importantes informes  de investigaciones. En 2008, la Secretaría de Educación de Veracruz  realizó un reconocimiento a uno de los importantes impulsores del nacimiento del Instituto de Antropología. Por lo cual se hizo la edición del libro Selección de Ensayos y Poemas, En sus páginas participé con mi investigación: “Textos de José Luis Melgarejo Vivanco en La Palabra y el Hombre”.
En 2014 celebramos el centenario del nacimiento de este importante veracruzano, quien nació en Palmas de Abajo, Municipio de Actopan Veracruz el 19 de agosto de 1914. Año en que también nacieron Octavio Paz,â Efraín Huerta y José Revueltas. Por lo que en esta ocasión rescatamos las primeras líneas del ensayo “En torno a la mexicanidad”, de José Luis Melgarejo Vivanco:

Tal vez uno de los aspectos más importantes de la Revolución Mexicana sea su preocupación por conocer a México, a los mexicanos, a lo mexicano. Para lo primero, valiosos hombres de ciencia mantienen tirante la voluntad, en un esfuerzo sin orillas ni reconocimiento. A lo segundo se dedicó un grupo de lo mejor del pensamiento nacional, pero topó con la incomprensión, y el insulto. Pese a ello, conviene perseverar en el propósito esclarecedor, con miras a una futura Sociología Mexicana, porque jamás quedará integrado el todo si falta una de las partes, y entre lo mucho urgido de meditación, existen los conceptos de indígena, español, indiano, criollo, mestizo, referidos a hombres concretos de un territorio material, y no a invenciones flotando en los paraísos artificiales del idealismo.

La herencia académica de Gonzalo Aguirre Beltrán y Fernando Salmerón Roiz, prosigue hasta nuestro tiempo de crisis, incertidumbre, violencia y corrupción. Sus propuestas educativas y culturales continúan en la actualidad, como un punto de partida; desde donde se promovió y animó la distribución del conocimiento y el pensamiento. Desde sus respectivos proyectos universitarios comenzaron y promovieron la publicación de estudios y resultados de investigación, como obras de consulta obligatoria. Las fuentes de consulta bibliográfica de: Pasión y Muerte del Cristo Sol, de Luis Reyes García,  Cerámicas de Totonacapan, de Alfonso Medellín Zenil, 
        Tlacoquemecatl, de Alfonso Gorbea Soto,  Relación de Misantla, de David Ramírez Lavoignet, Breve Historia de Veracruz, de José Luis Melgarejo Vivanco, Los Tepehua, de Roberto Williams García, ambos egresados de la Escuela Normal Veracruzana. 
Con Roberto Bravo Garzón aparecieron  los Cuadernos Antropológicos, del Instituto de Antropología. En su Consejo Editorial estuvieron Alfonso Gorbea Soto,  José Luis Melgarejo Vivanco, y Alfonso Medellín Zenil. Posteriormente  se editó el Boletín informativo del Instituto de Antropología. Desde entonces se presentaban informes anuales, sobre las actividades académicas y de investigación.  Alfonso Medellín Zenil escribió en el número 1, con fecha de mayo de 1978, de  Cuadernos Antropológicos que:

El Archivo Técnico del Instituto cuenta con más de 400 trabajos inéditos. De este acervo que se irán publicando algunas monografías interesantes, y de ser posible, se reeditarán algunas obras agotadas que se consideran básicas para la Antropología.

Héctor Salmerón Roiz respaldó la edición de Cuadernos del museo,   el número uno apareció en septiembre de 1983. Más tarde, Carlos Manuel Aguirre Gutiérrez sostuvo dichas publicaciones  que daban a conocer los resultados de investigaciones del personal académico adscrito al Museo de Antropología. En la entrega 4, enero-junio de 1985, se divulgó el “Reporte final de Campo Proyecto Matacapan: temporada 1983", a cargo de Robert  S. Santley y Ponciano Ortiz Ceballos.
También hay que destacar el informe: "Los materiales etnográfico del museo antropológico de la Universidad veracruzana", de Álvaro Brizuela Absalón. Informaciones y datos y etnográficos sobre la construcción de las salas del primer museo de antropología que tuvo la capital veracruzana; con su rico acervo etnográfico que se cuantificó en un registro original sobre los objetos, su utilidad y servicio. Aparte de la descripción de las artesanías, carpintería,  cestería y textilería de los pueblos originales del estado de Veracruz, se ofreció un acercamiento al registro de la exposición de vestimentas  indígenas.
 Álvaro Brizuela Absalón informó en 1985 sobre la presencia de los antropólogos Marcelo  Díaz de Salas, Heriberto García Salazar, Alfonso Gorbea  Soto y Luis Reyes García, quienes empezaron a trabajar sobre la sala de etnografía. También  dio a conocer que para 1966 los antropólogos citados escribieron y dieron a la luz pública una  “Guía para la sala de etnografía del Museo de Antropología”. Se debe recordar la herencia anterior de Gustavo A. Rodríguez, quien reunió y aportó la colección de yugos totonacos más importante  en los años cuarenta en la capital veracruzana; puede consultarse su artículo “El Sentido Astronómico del Yugo”, publicado en el número 51 de la Revista Momento, octubre de 1949.
Heriberto García Salazar  informó sobre su valioso trabajo de campo “Cuahuixtláhuac: Sentimiento de grupo y tendencia al campo en una pequeña comunidad mexicana de la sierra de Zongolica”; el cual formó parte de tres temporadas en 1961-62 al margen de un trabajo sobre la tenencia de la tierra encabezado por Luis Reyes García. Dicho material se incluyó en La Palabra y el Hombre, en el número 36, octubre-diciembre 1965. Es importante señalar las fotografías etnográficas que acompañan al trabajo de investigación de Heriberto García Salazar.
Fueron algunos testimonios de las primeras contribuciones  a la antropología en el Estado de Veracruz.  Todavía resultan en nuestros días,  las  mejores aportaciones del humanismo en búsqueda del conocimiento y principalmente el respaldo de la Universidad Veracruzana en  la  difusión de los trabajos de  investigación en libros y revistas. &





â La Palabra y el Hombre, No 1, enero-marzo de 1957, pp. 7-14
â Colaboró en la Editorial de la Universidad Veracruzana, con dos poemas publicados en La Palabra y el Hombre, hizo el valioso prólogo al libro Magia de la risa.

lunes, 15 de mayo de 2017

REVISTA 102





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Martha Inés Flores Pacheco[1]

Entre textiles y archivos:
Álvaro Brizuela Absalón[2]

Introducción
En este artículo solo se hablara muy poco de Álvaro Brizuela Absalón, su título se refiere a dos grandes temas: textiles y archivos, ya que son dos hilos conductores de su formación académica y de su pasión por la antropología, entre los textiles y los archivosexisten otras herramientas del quehacer antropológico que Álvaro Brizuela aprendió, conoció, estudió, sintetizó y problematizó, como son el análisis de la cerámica y las colecciones que clasificó para el Museo de las Culturas y el Museo Nacional de Antropología.
En este breve escrito, se describirán algunos pasajes de la vida de Álvaro Brizuela que permiten entender cuáles han sido los principales ejes de su propuesta académica, porque en algunos de sus estudios lo apasionan las diferentes culturas, sus orígenes (mitos), sus rituales, sus textiles, su historia y por supuesto su interacción con diferentes pueblos indígenas de México y Centroamérica.
Con lo anterior, se observa que el interés del etnólogo Álvaro Brizuela siempre ha sido proponer aportaciones en diferentes campos y perspectivas, así como abordar en sus textos problemáticas sociales y políticas actuales. Como etnólogo y contar con la formación clásica de la disciplina antropológica, se verá como se ha interesado desde la historia agraria hasta la concepción sagrada de los territorios indígenas, sin dejar de lado su preocupación, desde joven, por las condiciones de vida de los pueblos indígenas de México. Álvaro Brizuela tránsito por las diferentes regiones dejando diferentes recuerdos y anécdotas, logró desarrollar su propio camino y estilo, su concepción de vida, sus andanzas, sus gustos y sus pasiones.
Este documento consta de cuatro grandes apartados, que tratan de conjugar y sintetizar cuatro temas que intervienen en su vida, la primera una breve biografía de Álvaro Brizuela, destacando su formación académica, la segunda intituladaEntre textiles y piezas arqueológicas, trata brevemente su incursión en este campo, la tercera llamada experiencias antropológicas  narra un poco las prácticas de campo y los pueblos estudiados y por último en la cuarta, Recuerdos, anécdotas y colecciones se mencionan algunas autobiografías, vivencias, pasiones y sueños que le han dado el complemento entre la antropología y otros saberes y como palabras finales se expondrá como se observa él así mismo.
Este documento es el inicio de narrar la vida de un antropólogo, pero contemplando no solo su propuesta teórico-metodológica, sino tratar de incorporar el contexto social y cultural en donde se desenvolvió, así como la incorporación de otras técnicas de investigación, que se han manejado por otras disciplinas para escuchar las palabras y los pensamientos de Álvaro Brizuela.






[1]Etnóloga por la Escuela Nacional de Antropología (ENAH), con Especialización, Maestría y Doctorado en Ciencias Antropológicas por la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa. Ha analizado y estudiado diferentes aspectos de los pueblos indígenas de México: territorio, cultura, lugares sagrados, toponimia, historia; así como efectos de la política social, formación de territorios, procesos históricos, educación intercultural y derechos indígenas. Ha trabajado principalmente con coras, huicholes, nahuas y teenek de la Huasteca potosina, tlapanecos o mepp´ade Guerrero y nahuas de Zongolica, Veracruz y de Morelos. Otros temas son el estudio de los efectos en el patrimonio natural, histórico y cultural en las ciudades y los procesos de gentrificación.
[2] Se presentó como ponencia en XI Congreso Centroamericano de Antropología en la Mesa: “Nuestros colegas, nuestros amigos”, en la Universidad de Costa Rica, del 27 al 5 de marzo 2017.

REVISTA 101

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Álvaro Brizuela Absalón



FÉLIX BÁEZ-JORGE[1]


EL CAMINAR
DEL ANTROPÓLOGO


Para el Tigre Mayor: Félix Báez-Jorge

En el andar del antropólogo, en el cruce de caminos, volvemos la mirada a ese encuentro con el otro, sí, con el nombrado informante del antropólogo, que, en mi caso, lo considero como un colaborador del proyecto de investigación, y fue en ese andar, que me encontré con un personaje entrevistado por Félix Báez-Jorge  en San Pedro Soteapan, Veracruz, me refiero a Don Mauricio Sagredo, un hombre de hablar pausado y conocedor de su cultura popoluca zoqueana. Este encuentro lo relaté en una carta que le escribí a Félix el dos de junio de 2014, de ella, voy a leer un fragmento, dice así:
Félix, cuánto nos abrazan los caminos cuando vamos  al  encuentro con el otro, que somos nosotros. Somos el espejo del otro cuando conversamos, cuando se escriben sus relatos. Nos volvemos atemporales cuando en la entrevista, el entrevistado trae ese pasado al presente. En ese momento atemporal, se recrean  imágenes de otro tiempo, es el momento cuando el otro relata esos paisajes reconfiguradores, el antropólogo, con asombro, va a transcribirlo como algo nuevo.
Aún recuerdo la primera vez que estuve en San Pedro Soteapan, fue en junio de1970. Unos días antes, estaba en Oluta haciendo una entrevista, y les decía a los señores de la casa, de aquí,  me voy a Soteapan, ellos exclamaron: ¡no muchacho!, no es bueno que vayas para allá, aquí te quedas con nosotros, y podemos conversar de lo que quieras. Les respondí que no podía hacer eso, que yo tenía que ir, porque así lo había programado. Es que dicen que allá se comen a la gente, son malos. Hubo más advertencias que llamaron mi atención, y alentaron mi curiosidad. En un restaurante en la carretera (de Acayucan a Coatzacoalcos), le decía a un señor, mañana voy a estar allá arriba, en Soteapan, y él me dijo que no fuera.
Con esas advertencias, fue mayor mi interés, y me dije, pues ahora, voy. Y sí, cuando llegué, sentía un ambiente un tanto tenso, de miradas de desconfianza, llegué al Ayuntamiento, me presenté, y me dijo uno de los señores , pon tus cosas ahí, mochila, grabadora, y demás útiles, los dejé sobre costales llenos de frijol, entonces me dijeron,   vete a casa del Mayordomo, ahí te van a dar de comer, y sí, llegué a la casa, afuera mesas y bancas, saludé, me presenté, y me dieron de comer del guiso de res que se ofrecía.
Después de leer acerca de lo que aconteció en la región de Soetapan en tiempos del Gobernador Juan de la Luz Enríquez (1888), los reclamos sociales no atendidos, y que ellos se hicieron justicia por su propia mano, protesta que culminó con represión, homicidio y cárcel por las fuerzas públicas del gobierno del estado; entonces comprendí el porqué de esa expresión de desconfianza, que las miradas para el extraño que en ese momento era yo, las sentía como hostiles. Después, ya fue otra sensación, con Don Juan, un lugareño que conocía a mi padre Rafael Brizuela Pereyra, esto por sus viajes en peregrinación a pie y a caballo con rumbo a Catemaco para la celebración de la Semana Santa, tiempo de alegría, y la Semana Santa, tiempo de luto.



[1] Fragmento de ponencia: XI Congreso de la Red Centroamericana de Antropología. Escuela de Antropología de la Universidad de Costa Rica. San José Costa Rica. Febrero 28 de 2017.



miércoles, 8 de febrero de 2017




Edgar Aguilar

Entrevista con
 Paula
Carbonell




Licenciada en Humanidades por la Universidad de Castilla-La Mancha, Paula Carbonell (Valencia, España, 1970) es ante todo narradora de historias y escritora de libros infantiles. Miembro de la Asociación de Narradores Profesionales en España, ha publicado El viaje de las mariposas (2006), Buscando el Norte (2008), Un perro y un gato(2011), Gallito Pelón (2013), Un día en el mar (2014) y El dragón (que no era verde) (2015). Recientemente visitó nuestro país para participar en diversos festivales de cuentacuentos y presentar su más reciente libro, El más rápido (Lóguez Ediciones, 2016).


¿Qué características debe reunir un buen narrador o contador de cuentos?
Creo que principalmente debe tener buenas historias en su bolsillo. Partimos de allí, debe haber una buena historia, una buena búsqueda, tanto de la tradición como adaptación de cuentos literarios. Luego tiene que haber una buena escucha. En la narración es fundamental el público. Por eso es necesario poder ver al público, mirarlo, estar atento; incluso normalmente los espectáculos de narración son mucho más versátiles: hay que ser capaces de mirar, de contar y de escuchar al público y lo que necesite, así como de cambiar en un momento determinado la historia a otra, porque ves que son mucho más pequeños de lo que tú habías pensado, o mayores, y tienes que ser capaz de adaptarte.

Aunque tu trabajo está más orientado al público infantil.
­Sí, porque en España prácticamente todo lo que se programa, o la mayor parte de lo que se programa, son funciones infantiles.

Inicialmente te desempeñaste como promotora de lectura, y posteriormente pasaste a contar cuentos. ¿Cómo fue este proceso?
Yo hice máter de promoción de la lectura y la literatura en la Universidad de Castilla-La Mancha; era el primer máster en España que había sobre literatura infantil y juvenil, y en el proceso tuve la oportunidad de participar en un taller en la biblioteca de Cuenca, trabajando la promoción lectora, y de manera natural se pasa a contar cuentos, empiezas con los más pequeños, pero luego ves que los mayores también están ávidos de historias, y continúas. Y bueno, me preparé, estuve en distintos talleres, también de teatro, de clown, y es encontrar tu manera de narrar. Creo que un buen narrador es el que encuentra su propio estilo. En el teatro vas mucho más encorsetado, hay un director; en narración eres tú, cuentas desde ti, desde quien tú eres, si no seguramente estás haciendo un personaje y estás falseando. ¿Cuándo suceden los cuentos, las ganas de contar? Seguramente desde que el hombre tiene el uso de la palabra, lo que pasa es que ahora como que se ha profesionalizado.

Imagino que en lo que haces hay mucho de improvisación, entendiendo el término con el significado que le damos en teatro.
No es una cuestión de improvisación, que también la hay, quiero decir, tú juegas con las cosas que suceden con el público, pero eso no es improvisar. Lo que ocurre es que tú estás escuchando, estás viendo a un niño que está llorando, que está desesperado porque está buscando a su mamá, a lo mejor lo coges y lo estás metiendo en el cuento porque tienes a otras 60 personas que no puedes dejar de atender, entonces coges al niño y dices “y estaba buscando a su mamá”, entonces la mamá te saca el braza y te dice “aquí”, entonces tú vas, se lo das, pero no dejas de contar la historia.

Además de narradora de cuentos, escribes libros para público infantil. ¿Encuentras una relación entre escribir y contar?                
Creo que son dos actividades diferentes. No cabe duda que la palabra escrita suele ser la memoria de la palabra dicha. Pero creo que son dos registros muy diferentes, que tienen recursos muy distintos, quiero decir, uno puede ser un maravilloso escritor y un narrador espantoso. En la narración estás al servicio de un público que te escucha, en la escritura seguramente vas a dejar que interpreten mucho más, tú ya no vas a estar en el proceso en el que el lector lee.

¿Qué tan importantes son las imágenes cuando narras a un público?
Yo cuento con imágenes porque cuando cuento mis libros, las historias de mis libros, no quiero renunciar a las ilustraciones. Se trata de buscar un formato que me permita contarlo con las imágenes. No voy pasando las páginas del álbum, sino que adapto algunas de las ilustraciones del libro para que me sirva a mi manera de contar. Normalmente cambio la estructura, puedo variar el orden, seguramente reducir mucho más de lo que hay en el libro; no voy a poder mostrar todas las ilustraciones, voy a hacer una selección, pero estoy adaptando a mi discurso narrativo las imágenes, no al revés. Para cada caso trato de buscar un formato que se adapte específicamente a ese cuento. Es esencial que para contar no te estorbe nada; si algo estorba en el contar y andas muy enredado y te distrae mejor descártalo. Y eso te lo da normalmente el ensayo, la práctica o el propio contar.

En tu caso, ¿es más fácil valerse de animales a la hora de escribir historias para niños?
Bueno, fíjate una cosa. En El más rápido hay un guepardo que no está en el texto. Yo nunca me imaginé un guepardo en ese cuento. Fue la ilustradora quien hizo esa aportación, que es maravillosa, pero no fui yo. En El viaje de las mariposas aparecían insectos. Ese cuento en realidad era un homenaje a un cuento que me contaban de niña, que después he hecho una versión, que es Gallito Pelón, y El viaje de las mariposas no deja de ser lo mismo, un acumulativo en que se va encontrado amigos por el camino, un poco mi manera de entender la vida. En el Gallito Pelón me gustaba la metáfora de que se lo va comiendo todo; todo lo que nos “tragamos” en esta vida al final nos sirve de una manera, incluso lo malo. Lo bueno y lo malo siempre te va a servir después. Y sí, es verdad, con animales es más fácil a veces. &  


(Fotografías tomadas del sitio web de Paula Carbonell: https://paulacarbonell.com)                

martes, 7 de febrero de 2017








Gabriela Hernández


 Aproximación a

 Mario Heredia



 Si la memoria existiera fuera de la carne no sería memoria porque no sabría de qué se acuerda y así  cuando  Carlota dejó de ser, la mitad  de la memoria dejó de ser y si yo dejara de ser todo el recuerdo dejaría de ser. Sí, pensó. Entre la pena y la nada elijo la pena.
                                                    W. Faulkner


Me acerco a la obra de Mario Heredia y pienso en la afirmación de  Kundera: “Todos los novelistas escriben, probablemente, una especie de tema (la primera novela) con variaciones”, a propósito de la levedad, característica que está presente en muchos de los libros del autor checo. Debe existir una excepción a tal afirmación, pero mientras la encuentro, releo las novelas y cuentos de Mario y sé que encajan perfectamente en ella.
   “No se puede vivir sin regresar” le dice el Contra a Picado en Memoria de mis huesos, no se puede escribir sin recordar, porque como bien apunta Mauricio Molina: “La palabra es la memoria del vacío, así como la pintura, memoria de la oscuridad y la música, memoria del silencio”. Los recuerdos son la materia prima de la obra de Mario, con ellos se llenan roperos, paredes, manteles, desiertos; los recuerdos, huesos propios y de los demás, tangibles, verdadera experiencia física, que no puede separarse de la carne porque si no simplemente deja de ser. Los recuerdos son vida que escapa de las manos, que duele cada vez que es escrita: “el dolor no se piensa, (dice Flavio, protagonista de Estas celdas que soy) quizá se recuerda”. Una perversa fascinación lleva a los personajes de Mario Heredia a los terrenos de la memoria, a ellos no les importa volver a experimentar el miedo, se vuelven fetichistas del recuerdo, el objeto venerado  puede ser  una fotografía o la pluma de un animal como en los cuentos de Un bosque muerto: “a los muertos no se les puede borrar tan fácilmente de nuestra vida; no solo son memoria son tantas cosas.” dice el narrador del primer relato. De manera semejante experimenta Arthur, El éxtasis violeta de Arthur Cravan, su transformación. La inmersión le suministra recuerdos, “el olvido y la paz después de agonizar en la pequeña muerte”, “la sombra pugilista” se manifiesta de diversas maneras: en la violencia del morado, en el ring flotante, en el jab disfrazado de caricia, pero también en la vehemencia de los recuerdos, de los colores de esos recuerdos: el gris tormenta, el rojo de una camisa, los pechos glaucos, el azul de los ojos, del océano, del lienzo. Los recuerdos se transforman: ahora son instante. La nostalgia se vuelve un demonio irresistible, se le conjura a pesar del terror, a pesar de que después de ese conjuro solo quede un “bosque fallecido”. ¿Por qué? porque trae la salvación, la recuperación, aunque sea tarde, de la verdad. La gran protagonista de La otra cara del tiempo es esta foto, y en ella, de la misma forma que en la tacita de té de Proust caben “la casa gris, la plaza, las calles, el pueblo entero desde la hora matinal hasta la vespertina, sus buenas gentes y sus viviendas chiquitas”, es decir, el pasado y su infinita nostalgia.
   Es por esta razón que los escenarios de estas novelas y cuentos son trágicos: un desierto, una cárcel, un mar como cárcel, o una habitación “parca, vacía” como donde está el obispo que recibe la noticia de la muerte de Sor Juana, en el cuento Preludio de un funeral. No pueden no ser trágicos porque el dolor es doblemente dolor cuando se le trae de vuelta, cuando se le invoca; y aun así, Flavio, Jesús, el obispo o Carlos, Silvestre, optan por la memoria, aunque ello signifique una tarea tan difícil como arrancarla de las paredes de una cárcel o desenterrarla de arenas calientes, no importa vale la pena porque es lo único que los puede salvar, es lo único que salva al escritor que reconstruye la vida de Caravaggio en esa biblioteca que se asemeja más a una cárcel, en el cuento En una playa de Messina.
   La memoria es vida que se creía perdida, tiempo recobrado. Por eso cuando se  le recupera toma la forma de “olas que llegan a la playa”, de “tesoros oxidados” de “libélulas tornasoladas” o simplemente de un fémur, “el fémur de un hijo”. La búsqueda de la memoria en las novelas y cuentos de Mario Heredia es un proceso lacerante, se da de manera violenta, llega cuando el carcelero propina los golpes, cuando las manos se embarran de podredumbre, cuando la puerta de la celda se abre y entra la luz apuñalando la tiniebla, encegueciendo al preso. 
   Italo Calvino en Seis propuestas para el próximo milenio, traza las líneas generales de lo que debe tener la literatura del futuro: levedad, velocidad, multiplicidad, exactitud, visibilidad. Me detendré en esta última. Para Calvino, la capacidad para construir imágenes es una de las cualidades centrales del acto literario, porque hay en ellas un poder de seducción, de encantamiento central para el acto de lectura. Y me detengo en esta característica justamente porque es la que permea estas novelas y cuentos. En ellos dos planos conviven espontáneamente el plano de lo alegórico y el plano de lo real. Tomemos como ejemplo en primer lugar uno de los cuentos: Un desierto naranja. En él, dos personajes instalados en una habitación sostienen un diálogo intrascendente. De pronto un cable oscuro atravesado  en una pared los lleva a un escenario de película, la estación del tren, el tufo de los negros, el calor del Serengueti, un cazador inglés, una tienda de campaña y luego un león, la ficción surgida de la pared supera la realidad, se la devora. En otro de los cuentos Violoncello, una orquesta ejecuta la cuarta sinfonía de Mahler, Lulú, la protagonista y uno de sus miembros, ve salir de su instrumento, primero una araña, luego una hilera, luego un río de bichos. El poder de evocación de la música de Mahler que “siempre había salvado a la violencellista de la soledad, de la gordura, de la pobreza”, ahora la lleva a otro plano: el de la alucinación. Nuevamente la ficción supera la realidad.
   En Memoria de mis huesos, la primera novela de Mario, Jesús el protagonista se encuentra en un desierto, entre montañas de osarios humanos. En ese rompecabezas caótico, Jesús busca los huesos de los suyos, reconstruye sus vidas al mismo tiempo que la propia mientras espera que manadas de elefantes escarben la tierra, la remuevan para poder enterrar en ella los huesos de sus muertos. El plano de lo real cuenta la historia de el Contra, un hombre “casado con la mar” que vuelve cada seis meses a Orizaba a ver a su familia. Un plano intermedio entre estos dos, nos lleva  a casa de Isaura, que espera a que su marido, El Contra, vuelva. Mientras eso sucede, Isaura borda un mantel, lo llena de flores, de elefantes, de recuerdos, y ella ni cuenta se da de que sus hijos crecen, hacen sus vidas, se mueren, el tiempo se detiene en ese mantel, para ella la vida está allí, la memoria de los suyos, Isaura borda sus vidas, igual que Jesús las busca en los osarios del desierto. La imagen del desierto se transforma a lo largo de la novela en un oasis de recuerdos, una memoria colectiva, universal que Jesús busca y revive para salvarse, para trascender. Es el plano de la alegoría el que conduce al lector a una reflexión más profunda sobre la tesis de la novela: no se puede vivir sin regresar.
 En Estas celdas que soy, Flavio, el protagonista se encuentra en una prisión. Allí recuerda su vida en Córdoba, y al igual que Dios multiplica los panes,  Flavio extrae vidas de esas paredes inhóspitas, (y de nuevo la imagen de la pared como hoja en blanco), las inventa y luego las vive, “hay que inventar para seguir vivo” dice Flavio, alter ego del escritor. Y luego confunde las vidas inventadas con la suya como también lo hace el personaje que es biógrafo de c en el cuento En una playa de Messina. En esa cárcel, Flavio se aferra a sus recuerdos y a sus creaciones, a sus personajes que le traen luz.  También en esta novela el recurso de la alegoría conduce al lector a la reflexión central: la de que el hombre lleva una cárcel en sí mismo, pero lleva también la liberación: su memoria, sus recuerdos.   “La fantasía es un lugar en el que llueve”, constata Calvino. ¿De dónde llueven las imágenes en la fantasía de Mario Heredia, me pregunto yo? De la pintura, de la música, de la vida, de la memoria. La propia y la de otros, me llama la atención el parentesco de las imágenes que pueblan esta ficción: un desierto, una prisión, una habitación despojada, el cuarto de un hospital, y el colmo de los colmos: la cama de una mujer, todos lugares vacíos, absurdos.  Debemos tener fe en las historias que cuentan estas imágenes, o será al revés: en las imágenes que revelan estas historias. No importa, lo que importa es el recurso al servicio de una idea: sin memoria no hay vida, no hay literatura, en el caso de las novelas. En el de los cuentos, el poder de la imagen es lo que suscita en el lector la idea de que la  ficción se come a la realidad; cito a Calvino nuevamente: “La escritura será lo que guíe el relato en la dirección en la cual la expresión verbal fluya más felizmente, y la imaginación visual no tiene más remedio que seguirla”
    La otra cara del tiempo tiene otra llave: William Faulkner. Christmas es hijo de su Christmas. Aunque el Christmas de nuestra novela se revela como buen hijo, por cierto, contra ese nombre y no entiende su porqué, si el otro era negro, asesino y con un destino trágico; finalmente resulta ser un digno hijo, pues, el Christmas de Faulkner tampoco sabe nada de su padre, su parentesco con este Christmas es en línea directa y es la orfandad de ese padre desconocido, es también la certeza de la soledad en la calle, el camino blanco al que se enfrenta nuestro Christmas en sus ataques de epilepsia, la certeza de su  destino. El otro personaje, el escritor sin nombre, tiene siempre a su lado la novela Desciende Moisés. La tan mentada foto de Eustaquio está resguardada entre sus páginas, ya que le sirve como separador. Desciende Moisés es su propio libro de la sabiduría en el que encuentra las respuestas esenciales para su existencia. El escritor debe conservar la inocencia ante el ritual de la escritura, al igual que el viejo Ike, con tantos años encima, la conservaba como cuando mató al primer venado.    El    escritor   acecha    la   imagen   de Eustaquio como un cazador, sigue “su olor, su silueta, como Ike al oso.” A Eustaquio y a Ike los une la inocencia, pero uno no es el otro. Eustaquio es el ideal, el mito que permanece siempre joven. Más que una influencia de La otra cara del tiempo, William Faulkner se convierte en un entrañable compañero de viaje con el que se dialoga, al que se le piden prestados sus utensilios, y sobre todo con el que se comparte el placer de la travesía.
    He leído buena parte de su obra: compleja en el manejo del tiempo, cargada de imágenes poderosas, sonidos y voces polifónicas, de un humor que duele, de un dolor que esculpe personajes que no se olvidan aunque pasen los años. Las machincuepas de Silvestre y su pierna biónica promete desde el título, ser una especie nueva dentro de la obra de Mario. Después de leerlo y reírme, de seguir los giros en la vida de Silvestre, haciendo las pausas necesarias para asimilar el vacío (explícito y entre líneas) con el que Mario ha tejido esta historia, he llegado a la conclusión de que si esta novela fuera un animal, sería precisamente un camaleón. Parece, a primera vista, un animal hecho para la venganza, pero poco a poco cambia sus colores y revela algo más. Lo mismo sucede con La Santa imagen de Lucía Méndez, última novela que ha publicado Mario Heredia, donde va a revelarnos las mismas obsesiones ahora con un sentido del humor que sorprende. No darle demasiada importancia a la vida. Un cambio interesante en su narrativa que no por eso deja de tener esa profundidad, ese doloroso camino en que transitan sus personajes y que desde su primera novela nos ha conmovido. Sin perder su estilo, Mario Heredia pone a jugar ahora a sus personajes con gran desparpajo y sin miedo a lo que el lector pueda pensar. Una cierta ironía, quizá una falta de vergüenza que debemos agradecerle. No sé qué vendrá después, pero sé que seguiré sorprendiéndome.
   No cabe duda, la visibilidad imprime a las novelas y cuentos de Mario Heredia el sello de literatura futura, o en palabras de Calvino que ya resuenan extrañas en nuestro siglo XXI “del próximo milenio”.&